Si Evita viviera…
Los progroms, la Liga Patriótica del funcionario radical Manuel Carlés, las represiones conocidas como la Patagonia Rebelde o la Semana Trágica, desmienten esta tibieza radical. Pero en horas en que Arturo Frondizi, que aplicó el Plan Conintes y no se privó de salvajadas contra los trabajadores, es reivindicado como un estadista, difícilmente pueda discutirse esta parte oscura de los actuales demócratas.
Contra su voluntad, o por la lucidez de ciertos dirigentes, la Década Infame tuvo que poner coto a este país imaginario de la oligarquía. Sin embargo, el relato cultural "del campo" continuaba a pesar del inminente y forzado proceso de industrialización, como legitimación del "fraude patriótico". La patria, claro, no eran todos.
Es Evita quien rompe este relato. Sus crudos discursos contra la oligarquía, y sobretodo, su falta de ascendiente entre las familias tradicionales de la Sociedad Rural, su proveniencia del mundo denigrado para la época del teatro de revistas y la radio, sus vestimentas de lujo, la relación con el Coronel Perón que para los cánones conservadores de la época y, por supuesto, la política económica que a través del IAPI orientaba excedentes de exportaciones agrarias hacia la industria liviana, confluyeron para que, especialmente Evita, fuera particularmente detestada por todo ese sector social que hoy como ayer junta confundidos con millonarios para decir "yo estoy con el campo".
Los fantasmas de la historia resurgen. Detrás de muchos homenajes a Evita, no se verá a la dirigencia peronista pidiendo que Cristina Kirchner se acerque a los trabajadores, a las mujeres solteras, a los humildes de este país. Se le pedirá, solapadamente, que retroceda, en nombre de las buenas normas de conducta, ahora conmovedoramente llamadas "diálogo", "tregua" y otras palabras por el estilo.
Qué lejos estaría Evita de estos planteos. Qué lejos estaría de esos que ahora claman por el "diálogo".
Con todas sus desmesuras, es probable que las múltiples facetas que representó Evita, se vayan diluyendo detrás de una construcción de su imagen en una fachada de oligarca: Evita era buenita con los pobres. Puro chamuyo. Esos pobres, dejaron de ser pobres, por Evita y por Perón.
Los que, con toda razón, cuestionaron las formas autoritarias, las limitaciones, la represión y chatura cultural del peronismo, deberían en cambio reflexionar sobre qué sintieron, sienten y sentirán (en la medida que los gobiernos sucesorios ni se acerquen a lo que sucedió, para los trabajadores y los pobres, el peronismo) sobre Evita y sobre Perón.
(*) miembro de la dirección provincial del GLJ

