Grupo López Jordán

domingo, 27 de abril de 2008

Las ilusiones del progresismo

Por Lucas Carrasco (*) Sin sustento en la historia nacional, hay una clase social precaria, en constante turbulencia, navegando entre los miedos de caer en la odiosa clase trabajadora y con el sueño de su superyó proyectado en una plácida vida de rentas. Esta clase, se piensa a sí misma como aristotélica clase media y es el caldo de cultivo de la noción de que todo lo nuestro es trucho. Han bajado de los barcos, creen. Suponen que no hay racismo nacional porque acá somos todos blancos. Se defraudan, se frustran, con la misma rapidez que cada tanto se entusiasman. Cambian, a cada rato, de sello partidario, de pymes morales y escritores de moda, pero en general, los unifica un inconfesable deseo reprimido por la anulación del conflicto, de la polarización social que les amaga sus peores sueños de caer junto a la negrada en el oscuro pantano de la clase trabajadora. Son la derecha culposa. La derecha progresista, porque culpa y progresismo van tan enamorados de la mano como culpa y catolicismo. Porque la culpa es infiel, o quien se case con la culpa, la supondrá infiel. La defensa de las cosas como están, pero una vuelta rosca en la estetización de la vida, ya no de todos porque eso sería populista, ahora de las vanguardias de la nueva subjetividad, les da una autopercepción de sofisticación y, en el mejor de los casos, una cultura que suponen de avanzada. Todo eso es su parte de derecha. Tienen un costado progresista. Una ilusión de suponerse progresistas. Alejados de donde se cuecen las habas, del fango y el quilombo, de los dolores reales de un país clasista, racista, desigual, moldeado por clases dominantes profundamente crueles, siempre guardan en el baúl del sótano una fracesita que suponen, en su pensamiento mágico, suponen que te corre por izquierda. Subsidios universales, sin usar la palabra subsidios, son su menú preferido. La magia. Una especie de escenificación de un Ministerio de la Belleza, llamado en este caso Secretaría de la Distribución del Ingreso. Pavadas. Pero es que no gustan de los convenios colectivos, de las retenciones, de la Ley de abastecimiento, del Estatuto del Peón, de las cajas sindicales, de las obras sociales, de los créditos hipotecarios, de los cortes de rutas, de la ley contra el agio y la especulación. Ellos aman la Distribución del Ingreso. Siempre tienen a mano estériles propuestas de cambios impositivos, y un contador que les ayuda a no pagar tantos impuestos. Siempre tienen un gran culpable entre las manos de su desdicha, y un sentimiento de extravío: como si el país les debiese algo por tener la amabilidad, con tanta sapiencia de mi hijo el Doctor, de quedarse acá mientras los europeos sobretodo que le piden a gritos que lleve su talento a sus tierras. Para lavar copas. Pero bueno, da cierto glamour lavar copas en España. Sí, porque además, esta autodefinida clase media es cada vez más berreta. Ingeniosos críticos de lo de acá, futuros talentos de los países escandinavos, sienten que la educación y la cultura es su marca distintiva, su chapa personal, su carnet de conducirse en un país lleno de tarados. Ahora, por supuesto, son mano de obra de la oligarquía. Aunque no les guste hablar con palabras viejas, porque ellos son siempre nuevos, y queda feo decir que son de derecha, que son aspirantes a garcas y que siempre le encuentrna la quinta pata al gato para cagarse en los pantalones cuando hay que elegir entre negros y blancos. Queda feo. Son así. Tienen su tarjeta de presentación donde aclaran que están a favor de la belleza de la luna y que si eso no es instrumentable es porque algún perverso degenerado, casi siempre apoyado por la negrada, en realidad está instrumentando una gran farsa que, claro, solo ellos detectan. Porque, también, son expertos en detectar conspiraciones, terribles fábulas, casi parecen católicos porque sus prediccione son se cumplen y suelen negar terminatemente su propia historia de incondicional apoyo a las oligarquías de turno. Sobretodo cuando existían – porque se puede negar, bajo el cartel gracioso de "hoy no se fía, mañana sí" la actual existencia de la oligarquía, pero no que existió, ¿no?- sobretodo cuando existían. Las oligarquías.

(*) Miembro de la Mesa Directiva del GLJ

Tags: clase, media, argentina, medio, pelo, carrasco, lucas

Comentarios

Añadir un comentario